Nuestros santos protectores

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sábado, 10 de octubre de 2026

800 años de Francisco: un carisma que sigue vivo




Ocho siglos después de la muerte de san Francisco de Asís, su testimonio sigue hablando a la vida consagrada y a nuestro tiempo: una invitación a volver a lo esencial del Evangelio.

En 2026 conmemoramos los 800 años de la muerte de san Francisco de Asís. No se trata solo de una fecha que recordar, sino de una oportunidad para redescubrir una visión evangélica de sorprendente actualidad. Francisco eligió vivir el Evangelio con radicalidad: hizo de la pobreza un camino de libertad, de la fraternidad una manera de encontrarse con el otro, de la paz una elección deliberada y de la creación no algo que poseer, sino un don que acoger y cuidar. Su vida sigue planteándonos hoy una pregunta: ¿cómo vivir el Evangelio con esa misma libertad? Un carisma que sigue generando vidaDesde sus orígenes, la experiencia franciscana implicó profundamente a las mujeres. Clara de Asís, junto con muchas otras, reconoció en la intuición de Francisco un camino de seguimiento de Cristo y lo plasmó desde su propia sensibilidad, dándole nuevas formas. Desde entonces, esta historia nunca se ha interrumpido: generaciones de mujeres consagradas han encarnado el carisma en culturas y contextos muy diversos.

Hoy, numerosas congregaciones femeninas de la familia franciscana expresan esta vitalidad en la educación, el cuidado, el acompañamiento de las personas más vulnerables, la promoción de la justicia y el cuidado de la creación. El carisma permanece vivo precisamente porque sigue siendo acogido, interpretado y vivido. Fraternidad en un mundo divididoEntre las intuiciones más profundas de Francisco se encuentra el reconocimiento del otro como hermano y hermana: una fraternidad que supera pertenencias y diferencias y abraza toda la creación. Esta visión adquiere una fuerza particular en un mundo marcado por las guerras, las polarizaciones, las migraciones forzadas, las desigualdades y nuevas formas de exclusión.

Ser hermanos y hermanas significa reconocer que la vida del otro nos concierne. Para la vida religiosa femenina significa acoger y escuchar, crear vínculos, acompañar a quienes son más frágiles y construir comunidades en las que las diferencias no generen distancia, sino que se conviertan en posibilidades de encuentro. La paz se construye en las relacionesLa paz forma parte esencial de la herencia franciscana. En un momento histórico en el que tantos pueblos viven la tragedia de la guerra, el ejemplo de Francisco nos recuerda que la paz no depende únicamente de las grandes decisiones internacionales: comienza cerca de nosotros, en nuestra manera de hablar, de escuchar, de afrontar los conflictos y de elegir el diálogo.

Para las mujeres consagradas, ser mujeres de paz significa crear espacios de encuentro y reconciliación en las comunidades y en los lugares de misión, permanecer al lado de quienes sufren y mantener viva la esperanza incluso allí donde la violencia parece tener la última palabra. Una relación diferente con la creaciónFrancisco llamaba al sol, al agua, a la tierra y a las criaturas «hermano» y «hermana». En estas palabras hay una comprensión profunda: no somos dueños de la creación, sino que formamos parte de ella, dentro de una red de relaciones que nos precede y que nos ha sido confiada.

Esta conciencia interpela también nuestros estilos de vida. La sencillez evangélica puede traducirse en nuestra manera de utilizar los recursos, compartir los bienes, consumir y habitar los espacios, conscientes de que el cuidado de la tierra y el cuidado de las personas, especialmente de las más frágiles, están íntimamente unidos. Un aniversario que mira al futuroCelebrar este octavo centenario no significa solo mirar hacia atrás, sino preguntarnos qué puede seguir generando hoy esta herencia. En un tiempo que corre el riesgo de acostumbrarse a la guerra, Francisco invita a la paz; allí donde crecen las divisiones, invita al encuentro; frente a la cultura de la posesión, señala el camino de la sencillez; ante la fragilidad de la casa común, nos recuerda que formamos parte de una misma creación. Para la vida consagrada, es una oportunidad para discernir cómo encarnar este legado en las realidades de nuestro tiempo. Una invitación a las comunidades religiosasEn este centenario, nos sentimos invitadas a no limitarnos a recordar a Francisco, sino a dejarnos interpelar por su testimonio: 

¿Qué elección puede hacer más fraternas nuestras comunidades?

¿Dónde estamos llamadas a ser presencia de reconciliación?

¿Qué cambio en nuestro estilo de vida puede expresar un mayor cuidado de las personas y de la casa común?

Así, el aniversario dejará de ser únicamente el recuerdo de una historia que comenzó hace ocho siglos para convertirse en un impulso que nos lleve a abrir, juntos, nuevos caminos de vida evangélica.

Fuente: https://www.uisg.org/es

domingo, 2 de agosto de 2026

Perdón de Asís 2026

 Durante el año jubilar franciscano


El 1 de agosto se inauguró el Perdón de Asís 2026 con la celebración eucarística presidida por el Ministro general, Fr. Massimo Fusarelli. Hasta la medianoche del 2 de agosto, la celebración acogerá a miles de peregrinos que llegan a la basílica de Santa María de los Ángeles para la «Indulgencia de la Porciúncula».

En su homilía, Fr. Massimo se detuvo en el motivo por el que Francisco eligió terminar su vida terrenal precisamente en la Porciúncula, un pequeño lugar «que es a la vez seno y sepulcro, cuna de una vida y umbral de su plenitud».

Recordando cómo Dios eligió a María en otro pequeño lugar, Nazaret, el Ministro general comparó el temor de la Virgen, turbada por las palabras del ángel, con nuestros temores actuales: ante la guerra, las ciudades destruidas y la violencia que nos rodea. Al igual que María, que dialogó con el Señor, también nosotros estamos llamados a «abrir caminos hacia la paz y el perdón hacia un futuro diferente», partiendo de nuestro propio contexto.

Y al hablar de Francisco, Fr.  Massimo subrayó cómo el Poverello de Asís comprendió que el perdón no es un premio merecido, sino un don que hay que aceptar: «Aquí él escuchó el Evangelio que le aclaró su vocación; aquí reunió a los primeros hermanos; aquí obtuvo el perdón para todos… Al final, pide que lo depositen desnudo sobre la tierra. Bendice a los hermanos, perdona y pide perdón. Su tránsito a la gloria es un último gran acto de reconciliación».

Al enmarcar la Fiesta del Perdón en el contexto más amplio del Año Franciscano, que conmemora los 800 años de la muerte de Francisco, Fr. Massimo quiso enviar un mensaje a toda la Iglesia: «También en la Iglesia, el perdón es hoy un camino necesario. Cada vez que absolutizamos una forma, una sensibilidad, una tradición, y la utilizamos contra los hermanos, herimos la comunión y la unidad de los discípulos… Francisco nos enseña el camino: amar a la Iglesia sin dividirla». Una vez concluido el programa del Perdón 2026, el 3 de agosto comenzó «GO! Franciscan Youth Meeting», el evento que está acogiendo en Asís a miles de jóvenes europeos. Mañana, 6 de agosto, estará presente también el papa León XIV, quien, tras el encuentro con los jóvenes, presidirá la solemne celebración eucarística en la basílica de Santa María de los Ángeles.

Al término de la celebración eucarística se leyó un fragmento del Diploma de Teobaldo, el documento que transmite el origen del Perdón de Asís y el deseo de Francisco de obtener para Santa María de la Porciúncula una gracia abierta a todos. Según el relato, Francisco pidió al papa Honorio III no “años, sino almas”, para que cuantos entrasen en aquella iglesia “confesados, arrepentidos y, como conviene, absueltos por el sacerdote” pudieran recibir el perdón. Ante la grandeza de la petición, el Santo explicó que no provenía de él, sino “de parte de Aquel que me ha enviado, el Señor Jesucristo”. Y cuando el papa le preguntó qué prueba aportaría de tal Indulgencia, Francisco respondió con sencilla confianza: “Para mí basta vuestra palabra. Si es obra de Dios, a Él le toca manifestarla”, añadiendo que no quería otro instrumento sino que “la Virgen María sea el pergamino, Cristo sea el notario y los Ángeles sean los testigos”.

Después de la lectura, el Ministro general se dirigió en procesión hacia la Porciúncula. Ante la pequeña iglesia, tan querida por San Francisco, prosiguió el rito de apertura. Tras rezar el Padre Nuestro —una de las condiciones previstas para recibir la Indulgencia—, abrió las puertas de la Porciúncula y, después de un breve momento de oración en silencio, incensó la iglesia, impartió la bendición y declaró abierta la Fiesta del Perdón de Asís.

Condiciones para recibir la Indulgencia de la Porciúncula (para sí o para los difuntos)

El Perdón de Asís se puede obtener desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2 de agosto en todas las iglesias franciscanas o parroquiales, observando estas condiciones:

Confesión sacramental para estar en gracia de Dios (en los ocho días anteriores o siguientes);
Participación en la Misa y Comunión eucarística;
Visita a la iglesia de la Porciúncula o a una iglesia franciscana en el mundo o iglesia parroquial, donde se renueva la profesión de fe, mediante el rezo del Credo, para reafirmar la propia identidad cristiana;
El rezo del Padre Nuestro, para reafirmar la propia dignidad de hijos de Dios, recibida en el Bautismo;
Una oración según las intenciones del Papa, para reafirmar la propia pertenencia a la Iglesia, cuyo fundamento y centro visible de unidad es el Romano Pontífice.


miércoles, 22 de julio de 2026

María Magdalena: la fe que nace de un corazón que busca

 


La mañana de aquel primer domingo tras la muerte de Jesús, María Magdalena no para de correr (Jn 20, 1-18). Cuando aún es de noche, corre hacia el sepulcro. Al encontrarlo vacío, corre de vuelta a buscar a Pedro y al discípulo amado. Vienen, ven y se marchan. 

María regresa. Se queda. Llora. Anhela. Está inconsolable... Se niega a abandonar el lugar donde debería estar aquel a quien ama. 

Ella siente. Acepta su vacío y su decepción. No niega su confusión. Se expresa a través de las lágrimas. Su amor inquebrantable no le permite alejarse.

Por dos veces oye la misma pregunta: «Mujer, ¿por qué lloras?». Y por dos veces responde que está buscando a su Señor. 

Lo echa de menos. No puede vivir sin su cuerpo, aunque esté muerto. Aunque lo único que pueda hacer sea cuidar de su cuerpo sin vida.

Y tú, Jesús, lo sabes. Por eso le preguntaste: «¿A quién buscas?». Ella simplemente te quiere a ti. Solo el amor puede llevarnos más allá de lo que parece sorprendentemente irracional.

Y entonces, en un instante, todo cambia, porque tú, Jesús, pronuncias una sola palabra. «solamente di la palabra y mi criado quedará sano» (Mt 8,8). Y la única palabra que pronuncias es: «¡María!».

La llamaste a ella y nos llamas a nosotros por nuestro nombre. Tu primera palabra de Pascua no es una doctrina. No es una norma ni un dogma. Es un nombre. Nuestro nombre en tu voz. 

Y luego haces algo aún más sorprendente: «Anda, ve a mis hermanos y diles…»

María fue enviada a aquellos que no se habían quedado a los pies de la cruz con ella y las demás mujeres; a aquellos que no lo buscaban; a aquellos que se habían dejado llevar por la negación y la cobardía; y a aquellos que creían que era una tontería que una mujer pensara que Él pudiera estar vivo. 

«Anda, ve a mis hermanos», dijo Jesús. El Evangelio nos cuenta que los propios apóstoles recibieron la mayor noticia de la historia de manos de una mujer cuya cualidad más admirable fue amar tanto que permaneció en el corazón de las tinieblas. Ella es la primera en proclamar el misterio de la fe: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, he visto al Señor». La Iglesia no debe olvidar esto jamás. Y nosotras tampoco. 

La fe en Cristo resucitado brota de un corazón vacío que busca a aquel a quien su alma ama (Cantar de los Cantares 3,1). La fe surge de una sed ardiente. La fe necesita oír cómo Jesús nos llama por nuestro nombre, de tal manera que nuestra vida sea totalmente transformada, renovada y enviada. 

Dejemos que Jesús nos pregunte: 

¿Qué te hace llorar en este momento de tu vida? ¿A quién estás buscando? ¿Me permites decir tu nombre una y otra vez en tu oración? Ahora: «¡Ve y diles a mis hermanos y hermanas que estoy vivo!»

 Paula Jordão, fmvd

Coordinadora de formación de la UISG

jueves, 2 de abril de 2026

Carta del Ministro general para la Pascua 2026: La muerte se convierte en hermana

 

                                    
A los Hermanos de la Orden
A las Hermanas Clarisas y Concepcionistas
A las Hermanas Franciscanas afiliadas a la Orden
A las laicas y laicos franciscanos

Roma a 29 de marzo de 2026
Domingo de Ramos

Estimados hermanos y hermanas
¡Que el Señor les dé la paz!

Este año se cumple el octavo centenario de la muerte de san Francisco. En este contexto, celebramos la Pascua del Señor con una conciencia renovada: Francisco, aunque murió el 3 de octubre de 1226, lejos del tiempo litúrgico pascual, experimentó su muerte como una verdadera Pascua, hasta el punto de llamarla “hermana”.
Hay un gesto elocuente que lo atestigua: Francisco quiso escuchar el capítulo 13 del Evangelio de Juan, el relato del lavatorio de los pies, que habla de servicio y humildad. En ese momento supremo, ya había traspasado el umbral de la muerte, habitando en el corazón mismo del misterio pascual de Cristo.
Actualmente vivimos en una época llena de incertidumbres: los cambios geopolíticos, las guerras que desgarran a pueblos y naciones, así como las crisis en nuestras sociedades nos desafían. Es fácil buscar consuelos superficiales ante tales dificultades. A pesar de ello, Francisco nos enseña otro camino.

Leer el texto completo de la Carta: Lettera_MG_Pasqua_2026_ES.pdf

Pascua – Transformados por la esperanza


PASCUA – una transformación dramática de «¿Quién nos correrá la piedra?» (Mc 16,3) a «¡He visto al Señor!» (Jn 20,18)

Hemos estado reflexionando, con la ayuda de las lecturas litúrgicas de los domingos de Cuaresma, sobre la misión salvadora de Jesús en relación con nuestro camino de fe. Este camino de fe alcanza su culminación en la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, los días más sagrados para todos los cristianos.

La Iglesia nos presenta varios relatos de la resurrección para la liturgia de Pascua, todos llenos de mensajes de paz, alegría y transformación. El Evangelio de la Vigilia Pascual (Mt 28,1-10) repite dos veces: no tengáis miedo (vv. 5,10). Las mujeres en el relato estaban llenas de temor, pero también de alegría (v. 8). Esta curiosa coexistencia de miedo y alegría también aparece en el relato de Marcos, en la pregunta de las mujeres: «¿Quién nos correrá la piedra?» (Mc 16,3), y en el Evangelio de Juan en la proclamación: «¡He visto al Señor!» (Jn 20,18).

Los caminos de Dios superan los nuestros. Lo que parecía una derrota aplastante resultó ser, en realidad, la victoria más grande jamás vista. El Sábado Santo nos recuerda que las situaciones que parecen más catastróficas no siempre son lo que parecen. En un mundo devastado por la guerra y al borde de la desesperación, la resurrección de Cristo nos da la certeza de que podemos confiar en las palabras, obras y promesas de Dios: con Dios siempre hay victoria, con Cristo somos siempre vencedores.
Es importante notar cómo los Hechos de los Apóstoles y la Carta a los Romanos hablan de la resurrección de Jesús: «Dios resucitó a Jesús de entre los muertos» (Hch 2,32; Rom 6,4). Al resucitar a Jesús, Dios tiene la última palabra sobre el sufrimiento y la muerte. La Resurrección revela que Jesús vivió en plena comunión con el corazón de Dios.
A nivel personal, hace casi un año perdí a mi madre. Su muerte despertó en mí muchas preguntas y dudas sobre la vida después de la muerte, el reino de los cielos, la fe en la resurrección y la vida eterna. Hoy, a pesar del dolor y la nostalgia que su recuerdo aún provoca, puedo ver esa pérdida como algo que viene de un Dios misericordioso, amoroso y sabio, que sabe y hace solo lo mejor para nosotros. Puedo decir: fue bueno que sucediera, y como sucedió. Pero para llegar a esta comprensión, tuve que atravesar intensos Viernes Santos y silenciosos Sábados Santos. La vida nueva llega cuando dejamos ir y nos dejamos abrazar por el amor de Dios.

La Pascua es una experiencia.


El Papa Francisco, en su última homilía de la Vigilia Pascual en abril de 2025, dijo: «Cuando el pensamiento de la muerte pesa en nuestros corazones, cuando vemos avanzar las sombras del mal en nuestro mundo, cuando sentimos las heridas del egoísmo o de la violencia en nuestra carne y en nuestra sociedad, no perdamos la esperanza, sino volvamos al mensaje de esta noche.» La Pascua es una experiencia. No es algo que deba demostrarse con argumentos teológicos o bíblicos sofisticados. ¿Siento en mi ser —cuerpo, corazón y alma— la resurrección del Señor? ¿Escucho y transmito mensajes de Pascua?

 Para ilustrar esto, cuento una experiencia vivida hace muchos años en Australia. Un domingo, después de la Misa, algunos feligreses decidimos hacer una larga caminata por el campo. Entre nosotros había una familia con dos hijos adoptivos —un niño y una niña de siete y once años. Mientras preparaba a los niños, la madre adoptiva sentó al niño en su regazo y comenzó a atarle los cordones. Mientras lo hacía, el niño, espontáneamente y con cariño, la abrazó diciendo: «mi querida mamá». La madre, llena de alegría, me miró y dijo: «Mary John, hoy es Pascua para mí. Esta es, para mí, la experiencia de la resurrección». El niño reconoció en ella a una «querida mamá» y no dudó en decirlo en voz alta.

¿Cuándo fue la última vez que di a alguien una experiencia de Pascua? ¿Cuándo animé a alguien ofreciéndole ánimo y cuidado?
En Porta Fidei, el Papa Benedicto XVI reflexiona así sobre el misterio de la resurrección:
«La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y del dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida sobre el vacío de la muerte: todo esto encuentra su cumplimiento en el misterio de su resurrección.»
No importa lo que estemos enfrentando, cuando lo vivimos con Cristo, todo cambia. Que este tiempo pascual nos ayude a experimentar la Resurrección del Señor: 
en los momentos en que el miedo da paso lentamente a la esperanza en los encuentros que renuevan nuestra feen el valor de proclamar, como las mujeres en el sepulcro: «Hemos visto al Señor.» ¡FELIZ PASCUA!
                 Hna. Mary John Kudiyiruppil, SSpS, Vicesecretaria Ejecutiva de la UISG.


 

viernes, 20 de marzo de 2026

5ª Semana de Cuaresma: Transformadas por la Esperanza

 “El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá …¿Crees esto?”


  En este relato, el evangelista orienta nuestra atención hacia el itinerario de fe que recorren Marta y María, cuyos nombres aparecen hasta ocho veces a lo largo del pasaje. En ellas se sitúa el diálogo teológico fundamental del relato. Ambas hermanas reaccionan de modo distinto, pero coinciden en una misma confesión dirigida a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Su fe reconoce en él al que ha curado a otros y que también habría podido evitar esta muerte. Sin embargo, el signo que Jesús realizará no tiene como finalidad simplemente devolver la vida a Lázaro, sino conducir a los discípulos y a quienes están presentes a una comprensión más profunda de quién es él realmente. El propio Jesús expresa que su demora está relacionada con el crecimiento de la fe de sus discípulos. 

 Si contemplamos el pasaje desde esta perspectiva, resulta fecundo fijar la mirada en María. 

 El relato se sitúa explícitamente en «la aldea de María y de su hermana Marta». Desde el inicio se subraya que «Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro». El verbo utilizado por Juan es ἀγαπάω (agapáo), que expresa un amor pleno, gratuito y dispuesto a entregarse. María aparece además presentada como una figura ya conocida por los destinatarios del evangelio: «era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos». El evangelista menciona aquí un gesto que narrará solo en el capítulo siguiente, estableciendo así una relación anticipada entre la escena de Betania y la unción que preludia la Pasión. En realidad, todo el relato establece una relación entre presente y futuro. El signo que Jesús está a punto de realizar anticipa tanto su propio destino como el proceso interior de fe de quienes lo rodean, especialmente de María y de su hermana. 

Jesús permanece fuera de la aldea y no entra hasta que María llega. El texto sugiere una espera significativa. «Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle se postró a sus pies». Repite las mismas palabras que Marta había pronunciado antes, pero el relato no se detiene en un diálogo prolongado. María sabe que solo él puede comprender su dolor. Y Jesús llora con ella. «Conmovido fuertemente» por su sufrimiento, su llanto no es un gesto de impotencia, sino la expresión de una compasión que asume el drama humano. El Hijo de Dios entra en la experiencia del dolor y de la muerte que pesa sobre quienes ama. 

Al mismo tiempo se vislumbra que también él deberá atravesar la muerte para revelar plenamente que él es la Vida. 

En esta escena resuenan también ecos del episodio narrado por Lucas en la visita de Jesús a casa de Marta y María. Allí, María estaba sentada a los pies del Maestro escuchando su palabra. Aquí, permanece sentada en casa hasta que el Maestro la llama. El detalle es significativo: María no se mueve impulsivamente; espera. Permanece hasta que llega la llamada. 

Si contemplamos conjuntamente las tres escenas evangélicas en las que aparece María de Betania, emerge su itinerario espiritual. En la primera aprende a situarse a los pies de Jesús para escuchar su palabra y custodiarla en el corazón. En la segunda aprende a esperar la llamada del Maestro. Su lógica le dice que Jesús podría haber evitado la muerte de su hermano, pero su fe comienza a madurar y descubre que el Señor tiene sus tiempos. 

Finalmente, en Jn 12, María vuelve a inclinarse a los pies de Jesús, no ya para escucharle, sino para habitar un silencio cargado de gestos de gratuidad y amor. El perfume derramado simboliza una vida entregada sin reservas. Como el perfume que se gasta por completo, la vida ofrecida por amor puede parecer inútil a los ojos del mundo. Sin embargo, el gesto de María revela una profunda comunión con el corazón de Cristo. María cuida a Jesús en el momento en que su camino hacia la cruz comienza a hacerse evidente. 

El relato concluye afirmando que muchos de los que habían venido a casa de María, al ver lo que hizo Jesús, creyeron en él. La casa de María se convierte así en un lugar donde la fe comienza a nacer. La fe se difunde como el perfume, no puede retenerse ni controlarse, sino que se expande gratuitamente. 

Contemplado desde nuestra realidad actual, este evangelio nos plantea una pregunta exigente. En un mundo marcado por la guerra, la creciente hostilidad y la incertidumbre, ¿qué tipo de presencia estamos llamadas a ofrecer? Si la casa de María fue lugar de encuentro con el Dios verdadero, también hoy estamos invitadas a recrear espacios de hogar, acogida y escucha.

El camino cuaresmal hacia la Pascua es un camino repleto de miradas y gestos con el Maestro. De palabras sinceras y desnudas, entrecruzadas con él en la intimidad del corazón. Como María, estamos invitadas a pasar de la lógica limitada del «si hubieras estado aquí» a una fe que aprende a esperar, a escuchar y finalmente a entregarse, derramando el perfume de la propia vida.Ante toda tumba y lugar de muerte, hagamos posible que resuene la palabra de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees esto?». Jesús no es una promesa para un futuro mejor, es la Vida, en presente.

comentario al Evangelio de Juan (11,1–45) a cargo de Hna. Julia María Violero Álvarez


jueves, 12 de marzo de 2026

4ª Semana de Cuaresma: Transformadas por la Esperanza

De la ceguera a la vista, de la oscuridad a la luz

«Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado.» Romanos 5,5

Ser ciego debe de ser una discapacidad debilitante que priva de muchas posibilidades de vida. Así debió de ser también en tiempos de Jesús, cuando las personas ciegas, los discapacitados físicos, quienes padecían enfermedades mentales, los poseídos por espíritus malignos y las mujeres discriminadas estaban entre aquellos a quienes Él favorecía especialmente en su misión de sanar y redimir. Los ciegos quizá no podían ver a Jesús, pero lo más importante es que Cristo veía su ceguera no como un pecado, sino como una ocasión «para que se manifiesten en él las obras de Dios» (Jn 9,3). Es esta alegría interior de experimentar a Cristo la que provoca no solo la restauración de la vista, sino también la renovación del corazón: «caminamos por la fe y no por la vista» (2 Cor 5,7). La alegría no consiste solo en ver a Jesús, sino en vivir y estar con Él: esto es lo que significa la vida consagrada.

En este cuarto domingo de Cuaresma, domingo Laetare, cuando Jesús se encuentra con el hombre ciego de nacimiento (Jn 9,1-41), la vista que le devuelve no solo le permite ver el mundo, sino, sobre todo, acoger con fe a Aquel que lo ha sanado. Laetare resuena como la plenitud de la alegría, no solo por lo que uno ve, sino por acoger a Jesús mismo, la Luz del mundo (Jn 9,5). A diferencia de los vecinos del ciego (Jn 9,8-12), cuya curiosidad y desconocimiento les impedían reconocer a Jesús. La inquisición, la sordera y las dudas de los fariseos también los cegaban ante la luz que Jesús mismo ofrecía (Jn 9,13-34). Así, Jesús se dirige a otro tipo de ceguera: no física, sino espiritual (Jn 9,35-41).

La ceguera espiritual en la vida consagrada, como la de los fariseos en Juan 9, se refiere al riesgo de centrarse únicamente en lo externo (normas, apariencias) en lugar de poseer una verdadera visión espiritual (amor, misericordia, la luz de Jesús). Significa priorizar las estructuras sobre las personas o sobre la misión, no reconocer la presencia de Dios en la vida cotidiana, ignorar las inspiraciones interiores o las áreas de crecimiento, y “ver” solo desde la propia perspectiva personal y no desde la de Dios. Este domingo Laetare llama con urgencia a las mujeres consagradas a responder a esta ceguera espiritual mediante un corazón renovado y una mente transformada: 

  • Abrazar y practicar la escucha profética: atender al clamor de los pobres.
  • Servir con humildad: ser sensibles a las necesidades de los enfermos en nuestras comunidades.
  • Acompañar, orientar y comprometerse en el ministerio de la presencia.
  • Guiar, como la mujer samaritana (Jn 4), que al ver a Jesús conduce a otros hacia Él.
  • Compartir historias de la misericordia de Dios, revelando su luz en medio de la oscuridad.
El Papa Fracisco ha exhortado a las mujeres consagradas a convertirse en «portadoras de luz en el mundo de hoy mediante su testimonio fiel de los consejos evangélicos».En este camino cuaresmal, sigamos buscando no solo la luz de Cristo, sino a la persona misma de Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida.Que nosotras, como mujeres consagradas, no solo anhelemos el amor de Dios, sino también al Dios del amor.Como María en este domingo Laetare, que nuestra esperanza gozosa esté firmemente anclada en Cristo.

Comentario al Evangelio de Juan (9,1–41)  a cargo de Hna. Mariel de Villa, OP.

martes, 10 de marzo de 2026

3ª Semana de Cuaresma: Transformadas por la Esperanza

 “… el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed”


Todos los años, los dos primeros domingos de cuaresma nos traen el relato de las tentaciones y el de la transfiguración según Mateo, Marcos y Lucas; ellos presentan el comienzo y el final del camino de la pasión de Jesús: la presencia del mal que nos incita a rechazar el proyecto de Dios en nuestra vida y el encuentro con el Señor glorioso que nos fortalece y nos da la gracia para continuar caminando fieles en nuestra cotidianidad.  A partir del tercer domingo, cada ciclo toma un camino diferente hacia la pascua. El ciclo A, el que estamos caminando, sigue un orden en el itinerario bautismal mediante el recurso de tres elementos con una gran carga simbólica: el agua, la luz y la vida. En este tercer domingo detendremos nuestra mirada en el agua como signo de la presencia de Dios en nuestro caminar. Veamos.

Lo primero que deseamos recuperar de los textos es la necesidad de ser conscientes que estamos de camino. Tanto el pueblo de Israel como el mismo Jesús con sus discípulos “están de camino”. Y en esa conciencia de todavía no haber llegado a la meta, experimentan la necesidad de agua… “tienen sed”. Se sienten agobiados, necesitados y cansados. Es por eso que necesitan detenerse a buscar agua para renovar la fuerza y continuar.  Esta primera clave es fundamental en el proceso cuaresmal y en nuestra vida. Pero hay una diferencia abismal entre lo que experimenta el pueblo y lo que vive Jesús. Más allá de la necesidad vital del agua, la crisis en el desierto pone de manifiesto la falta de confianza en Dios puesto que se cuestionan la buena intención de Moisés y de Dios al rescatarlos de Egipto (“¿para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed...?”). En el fondo dudaban de que Dios esté realmente con Moisés y con ellos: “¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?”. 

En cambio, Jesús se propone compartir la sed con la Samaritana para descubrir junto a ella un agua más profunda que la llevará a saciar sus búsquedas. El encuentro que nos narra el evangelio está muy lejos de pregonar la desconfianza, sino que instaura el diálogo como base para renovar la presencia de Dios en la historia. Pareciera ser que la Samaritana termina proclamando que Dios no se olvidó de ellos y que está acá… en nuestra historia y geografía cotidiana. Lo segundo que quisiéramos resaltar de estos textos es la progresión que nos invitan a vivir. Después que la Samaritana experimenta, a partir del diálogo con Jesús, el encuentro con “el agua viva” abandona a los pies de Jesús el cántaro, símbolo de su pasado y vínculo tradicional con el pozo, en el que había pretendido apagar su sed y de donde había recibido su identidad en el pasado. Se pone en movimiento buscando a otros para compartirles lo que acaba de descubrir en el encuentro con Jesús: que Él era el mesías esperado.

Una segunda clave: todos nosotros estamos invitados a dejar el cántaro al lado del pozo del viejo Jacob porque tenemos la experiencia de haber encontrado la salvación definitiva. No podemos estar siempre mirando para atrás, nuestra fe y nuestro compromiso siempre debe dar un paso más. Esto es signo de salud y de madurez en nuestra vida. Lo contrario sería la experiencia del pueblo de Israel en el desierto… volvamos a Egipto o permanezcamos en el desierto sin avanzar. Es cómodo, pero… ¡nuestra vida se transforma en una meseta! Por último, Jesús aparece junto al pozo “fatigado del camino”, teniendo sed y pidiéndole que la Samaritana le de beber. Si estamos atentos a la lectura del texto lo que en última instancia transmite Juan es que Jesús tiene sed de comunicarse, de darse, de que todos conozcan el “don de Dios”, que beban del agua vida; tiene sed de salvar a la humanidad. 

La última clave: ¡qué bueno sería comprender la propuesta del reino que trae Jesús como una propuesta de humanidad! Que el encuentro que nos propone siempre nos lleva a ser más nosotros mismos en plenitud: mujeres y hombres felices, con palabras, que se cuestionan sus vidas, que aman y se juegan por lo que saben es verdadero, personas que buscan desde el estudio, la investigación y el compromiso, el bien de los demás, seres que no están solos, sino que viven con otros desde el respeto y el servicio desinteresado. Que hoy, en este camino cuaresmal, el Señor renueve en nosotros esta sed de humanidad.

Comentario al Evangelio de Juan (4, 5-42)   de la Hna. Mariana Zossi, OP.

martes, 17 de febrero de 2026

Mensaje de Papa León XIV para la Cuaresma 2026

Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión


El mensaje oficial del Papa León XIV para la Cuaresma de 2026, esta centrado en la conversión a través de la escucha y el ayuno. El Pontífice invita a los fieles a priorizar la Palabra de Dios para sensibilizarse ante el sufrimiento ajeno y las injusticias sociales. Respecto al ayuno, propone no solo la privación de alimento, sino también una abstinencia de palabras hirientes para fomentar un lenguaje de paz y respeto. Finalmente, se destaca la dimensión comunitaria de este tiempo litúrgico, exhortando a las parroquias a unirse en favor de los necesitados. La invitación en esta cuaresma es transformar las relaciones humanas y fortalecer el compromiso cristiano con la justicia.

Mensaje completo: Cuaresma 2026

domingo, 1 de febrero de 2026

Profecía de la presencia: la vida consagrada donde la dignidad está herida y la fe es puesta a prueba

Mensaje del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica a las consagradas y los consagrados de todo el mundo 

Con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el 2 de febrero, se difunde el mensaje del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, dirigido a las mujeres y los hombres consagrados de todo el mundo. El texto se sitúa en el contexto actual, marcado por conflictos armados, fragilidades sociales, migraciones forzadas y situaciones que ponen a prueba la fe, y subraya el valor de la vida consagrada como una presencia estable y solidaria junto a las personas más vulnerables.El Dicasterio expresa su gratitud por la fidelidad al Evangelio vivida cotidianamente por las mujeres y los hombres consagrados, y ofrece orientaciones de ánimo y discernimiento para afrontar los desafíos del tiempo presente. En el centro del mensaje emerge la imagen de la vida consagrada como profecía del “permanecer”: una fidelidad que no coincide con el cierre ni con la inmovilidad, sino que se traduce en una esperanza activa, capaz de generar paz, custodiar la dignidad de las personas y dar testimonio del Evangelio incluso en los contextos más complejos y marcados por el sufrimiento. La UISG acoge y comparte este mensaje como palabra de comunión eclesial y de responsabilidad compartida, invitando a las congregaciones y a las personas consagradas de todo el mundo a leerlo como un apoyo en el camino cotidiano de presencia, escucha y servicio.

  A continuación, el texto íntegro del mensaje (Descargar como PDF).

sábado, 24 de enero de 2026

Domingo de la Palabra de Dios 2026 : Apagar para escuchar


Apagar para escuchar: El método del Beato Gabriele Allegra

Del silencio a la Palabra en la era digital

El método del Beato Gabriele Allegra para el Domingo de la Palabra 2026

A todos los Hermanos de la Orden
A las Hermanas Clarisas y Concepcionistas
A las Hermanas Franciscanas afiliadas a la Orden
A los Laicos y Laicas franciscanos

Dado en Roma, el 3 de enero de 2026
Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús

Estimados hermanos y hermanas,
¡Que el Señor os dé la paz!

En este año 2026, (octavo centenario del tránsito de nuestro padre San Francisco) el Domingo de la Palabra cae el 25 de enero: es la misma fecha del quincuagésimo aniversario de la muerte del beato Fr. Gabriele M. Allegra (1907-1976), Hermano menor, misionero en China, apóstol de la Palabra de Dios en una cultura milenaria. 

Esta feliz coincidencia me da la oportunidad de recordar con gratitud su persona y su obra. Su vida es un testimonio profético que ilumina el desafío de la escucha bíblica en la era digital. No solo recordamos lo que hizo —la traducción íntegra de la Biblia al chino tras veintiséis años de intenso trabajo—, sino que queremos escuchar su método y su espíritu, que siguen hablando con especial fuerza…

Descargar la Carta:  Español

jueves, 22 de enero de 2026

Oración a San Francisco de Asis en los 800 años de su pascua


Señor Jesucristo,

gracias por la semilla de la vida eterna

que plantaste en Francisco.

Gracias porque esa semilla sigue germinando,

de generación en generación.

Haz que también en cada uno de nosotros pueda hacer fructificar:

la misericordia hacia los pobres,

el amor por Ti crucificado,

la fidelidad a la Iglesia,

el amor por la Eucaristía,

la fraternidad sin poder,

el testimonio de la paz.

Ayúdanos a vivir “según la forma del santo Evangelio”

allí donde estamos y laboramos.

Que el Espíritu nos haga cristianos apasionados,  

ciudadanos de este tiempo,

capaces de afrontar los problemas reales

y de buscar un mundo más justo y fraterno.

Y recuérdanos que somos peregrinos de la esperanza,

en camino hacia la Ciudad definitiva,

donde Dios, Padre tuyo y nuestro, será todo en todos. Amén.

domingo, 18 de enero de 2026

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2026

La Iglesia celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del 18 al 25 de enero de 2026 este año con el lema «Un solo espíritu, Una sola esperanza». El Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos y la Comisión de Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de Iglesias elaboran conjuntamente los materiales para ayudar a la reflexión y las celebraciones del Octavario. Este año, la Iglesia Apostólica Armenia ha sido la encargada de preparar los textos oracionales y de meditación de esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

Materiales para la Semana de la Unidad


sábado, 17 de enero de 2026

Oración del Papa León a San Francisco

Publicamos la oración que el Papa León dirigió a los Ministros generales de la Conferencia de la Familia Franciscana con motivo de la apertura del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco.

Una oración “para que San Francisco de Asís continúe infundiendo en nosotros la perfecta alegría y la concordia”, como dice su Carta.

San Francisco, hermano nuestro, tú que hace ochocientos años

fuiste al encuentro de la hermana muerte como un hombre reconciliado,

intercede por nosotros ante el Señor.

Tú, que en el Crucifijo de San Damián 

reconociste la paz verdadera,

enséñanos a buscar en Él la fuente

 de toda reconciliación que derriba todo muro.

Tú, que desarmado atravesaste las líneas de la guerra

y de la incomprensión,

concédenos el coraje de construir puentes

allí donde el mundo levanta fronteras.

En este tiempo afligido por conflictos y divisiones,

intercede para que lleguemos a ser artesanos de paz:

testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo.

Amén 

Fuente: www.ofm.org 

martes, 13 de enero de 2026

Celebrar la Pascua de Francisco de Asís 1226-2026

 Fichas de trabajo

En preparación al Centenario del Tránsito de San Francisco, por mandato de nuestro Ministro general, la Secretaria general de Formación y Estudios ha presentado tres fichas de trabajo.

Las fichas están concebidas como una herramienta útil tanto para el trabajo individual como para el de las fraternidades. De hecho, podrían utilizarse en capítulos locales, reuniones de formación permanente, retiros espirituales, formación inicial y muchas otras ocasiones. Además, la riqueza de los textos, tomados de las Fuentes Franciscanas y de la Biblia, permite utilizar cada Hoja varias veces y de distintas maneras, incluso en el estudio personal o la meditación.

Los temas y la mayoría de los textos están tomados de las Orientaciones para la celebración de los centenarios franciscanos preparadas por la Comisión de la Familia Franciscana. Con estas tarjetas no e prentende sustituir a las Directrices. Al contrario, invitamos a todos a profundizar en determinados temas inspirándose también en ese texto.

Las fichas se mantienen en un nivel general para permitir a las Entidades, Fraternidades y a cada uno de los hermanos hacerlas compatibles en su propio contexto. Por eso se los enviamos en un formato que permite posibles adaptaciones.

Que este último año del gran Centenario sea una ocasión fecunda para que toda nuestra Orden y la Familia Franciscana crezcan en nuestra común identidad carismática.

Descargar las Fichas de trabajo:    Español - Deutsch 

Fuente: www.ofm.org

domingo, 11 de enero de 2026

Una semilla de vida eterna: carta de los Ministros generales con ocasión del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco


Tras la apertura oficial del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís (1226–2026), celebrada el 10 de enero de 2026 en la Basílica de Santa María de los Ángeles en la Porciúncula, los Ministros generales de la Familia Franciscana han difundido una carta común titulada Una semilla de vida eterna. El texto se dirige a toda la Familia Franciscana y al pueblo de Dios, invitándolos a releer hoy la herencia del Poverello como una responsabilidad viva y compartida.

Firmada por los Ministros generales OFM (Orden de Hermanos Menores), OFMConv (Orden de Hermanos Menores Conventuales), OFMCap (Orden de Hermanos Menores Capuchinos), TOR (Tercera Orden Regular), OFS (Orden Franciscana Seglar) y por la presidenta de la IFC-TOR (Conferencia Internacional Franciscana del TOR), la carta propone una reflexión articulada y concreta sobre el carisma franciscano a ochocientos años de la muerte de Francisco. Tomando como guía el Testamento, el texto identifica tres grandes herencias que el Santo entrega a la Iglesia y al mundo: la misericordia, nacida del encuentro con los pobres y con Cristo crucificado; el amor fiel a la Iglesia, reconocida como «tierra pobre pero fecunda», y a la Eucaristía como corazón del misterio cristiano; la vida fraterna, vivida como forma evangélica capaz de engendrar paz.

Se concede un relieve particular a la fraternidad como alternativa a toda lógica de poder: no un Orden piramidal, sino una fraternidad «circular», en la que cada uno es menor, llamado al servicio y al cuidado mutuo. De este estilo brota también el mandato de la paz, contenido en el saludo «El Señor te dé paz», que Francisco recibió como programa de vida y de evangelización, ayer como hoy.

El Centenario se presenta así no como una simple conmemoración, sino como un tiempo de renovación y de responsabilidad personal y comunitaria. La semilla plantada por Francisco continúa germinando y nos llama a custodiarla mediante opciones concretas de misericordia, fidelidad eclesial y construcción de relaciones reconciliadas.

La carta acompaña el inicio de un año centenario que desea reavivar la fuerza del Evangelio vivido por Francisco, peregrino y Hermano de todos, e invita a su lectura como instrumento de discernimiento y de camino para toda la Familia Franciscana.

La lectura íntegra de la carta Una semilla de vida eterna permite profundizar en el sentido del camino abierto por el VIII Centenario y acoger sus indicaciones para la vida de la Familia Franciscana hoy; el texto está disponible para su descarga en formato PDF en diferentes idiomas: Español   Deutsch  

Fuente: www.ofm.org

sábado, 10 de enero de 2026

Papa León XIV proclama Año Jubilar Franciscano por el 800 aniversario del tránsito de San Francisco de Asís

Con alegría comunicamos la promulgación del Decreto que establece un Año Jubilar especial en conmemoración del octavo centenario del tránsito de San Francisco de Asís. Su Santidad el Papa León XIV ha dispuesto que, desde el 10 de enero de 2026 hasta el 10 de enero de 2027, se celebre este Año de San Francisco, durante el cual todos los fieles cristianos están invitados a seguir el ejemplo del Santo de Asís, convirtiéndose en modelos de santidad de vida y testigos constantes de paz. La Penitenciaría Apostólica concede la indulgencia plenaria bajo las condiciones habituales a quienes participen devotamente en este jubileo extraordinario, que representa una continuación ideal del Jubileo Ordinario de 2025.

Este año jubilar está dirigido especialmente a los miembros de las Familias Franciscanas del Primer, Segundo y Tercer Orden Regular y Secular, así como a los Institutos de vida consagrada, Sociedades de vida apostólica y Asociaciones que observen la Regla de San Francisco o se inspiren en su espiritualidad. Sin embargo, la gracia de este año especial se extiende también a todos los fieles sin distinción que, con el ánimo apartado del pecado, visiten en forma de peregrinación cualquier iglesia conventual franciscana o lugar de culto dedicado a San Francisco en cualquier parte del mundo. Los ancianos, enfermos y quienes por motivos graves no puedan salir de casa podrán igualmente obtener la indulgencia plenaria uniéndose espiritualmente a las celebraciones jubilares y ofreciendo a Dios sus oraciones, dolores o sufrimientos.

En este tiempo de celebración que culmina ochocientos años de memoria franciscana, invitamos cordialmente a todos los fieles a formar parte activa de este jubileo excepcional. Que el ejemplo luminoso de San Francisco, quien supo hacerse pobre y humilde para ser verdadero alter Christus en la tierra, inspire nuestros corazones a vivir con auténtica caridad cristiana hacia el prójimo y con sinceros anhelos de concordia y paz entre los pueblos. Siguiendo las huellas del Poverello de Asís, transformemos la esperanza que nos hizo peregrinos durante el Año Santo en fervor y celo de efectiva caridad. Que este Año de San Francisco sea para cada uno de nosotros una ocasión providencial de santificación y de testimonio evangélico en el mundo contemporáneo, para gloria de Dios y bien de toda la Iglesia.

Leer el Decreto

Condiciones para recibir la Indulgencia: (para uno mismo o para difuntos)

  • Confesión sacramental para estar en gracia de Dios (en los ocho días anteriores o posteriores);
  • Participación en la Misa y en la Comunión Eucarística;
  • Visitar en forma de peregrinación cualquier iglesia conventual franciscana o lugar de culto dedicado a San Francisco en cualquier parte del mundo, donde uno renueva su profesión de fe, a través de la recitación del Credo, para reafirmar su identidad cristiana;
  • El rezo del Padre Nuestro, para reafirmar la dignidad de hijos de Dios, recibida en el Bautismo;
  • Orar por las intenciones del Santo Padre, para reafirmar la pertenencia a la Iglesia, cuyo fundamento y centro visible de unidad es el Romano Pontífice.
Fuente: www.ofm.org/es

viernes, 9 de enero de 2026

Logo oficial 2026 de los 800 de la muerte de San Francisco

Durante los últimos tres años hemos celebrado los “Centenarios Franciscanos, un centenario articulado en diversos centenarios”, que significó un momento especial para toda la familia franciscana en que hemos conmemorado los 800 años de algunos importantes acontecimientos de los últimos años de la vida de San Francisco. Ellos fueron la Navidad de Greccio (1223-2023), la redacción de la Regla Bulada (1223-2023), el don de los estigmas (1224-2024) y, este año, la composición del Cántico de las Creaturas (1225-2025).

Luego de este recorrido de celebraciones, la familia franciscana se prepara para conmemorar en 2026 el aniversario de los ocho siglos de la muerte de San Francisco y para esto el “Comisión de la Familia Franciscana” presentó el logo oficial que acompañará las distintas actividades y celebraciones que se desarrollarán durante toda la conmemoración del centenario.

La identidad visual, realizada por la provincia toscana de los frailes menores, presenta de este modo su profundidad y su significado:

El logo nace para celebrar los ochocientos años del tránsito de San Francisco de Asís. La opción de utilizar la palabra “Franciscus” llama a la dimensión universal y sin tiempo del Santo, avocando su autenticidad y su mensaje siempre actual.

La tipografía, simple y decidida, quiere reflejar la persona de Francisco: humilde, genuino y profundamente firme en sus ideales.

Los coleres de la tierra –cálidos, naturales, sobrios– hacen referencia al vínculo de Francisco con la pobreza y con vida cotidiana, subrayando su espíritu de fraternidad con la creación y con cada ser viviente.

Además de la presentación del logo, destacamos también la apertura del Centenario de la muerte de San Francisco el 10 de enero de 2026 con una celebración en la Basílica de Santa María de los Ángeles en Asís. Este año están previstos diversos eventos y celebraciones en todo el mundo y en Asís, como la prolongada exposición pública de los restos mortales de San Francisco del 22 de febrero al 22 de marzo de 2026 en la Basílica donde reposan desde hace casi 800 años

Ponemos a disposición el logo en varios idiomas para su libre uso en las celebraciones durante el año de conmemoración de la muerte de San Francisco.

Descargar: https://drive.google.com/drive/folders/1kmXZLbRVevfh4w7r_labzP-ZB-BlOlbk?usp=share_link

Fuente: 800 de la muerte de San Francisco - Frati Minori Cappuccini

sábado, 3 de enero de 2026

Apertura del Centenario del Tránsito de San Francisco

 El 10 de enero de 2026, en la basílica de Santa María de los Ángeles en Porciúncula, a las 10:00 de la mañana, inician las celebraciones del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís, última etapa del camino emprendido en 2023 y que nos ha hecho revivir los últimos años de vida terrena del Poverello.

Estarán presentes los Ministros generales de la Familia Franciscana: Fr. Massimo Fusarelli OFM, Fr. Carlos Alberto Trovarelli OFMConv, Fr. Roberto Genuin OFMCap, Tibor Kauser OFS, junto con Fr. Amando Trujillo Cano Ministro general de la Tercera Orden Regular (TOR), y sor Daisy Kalamparamban, Presidenta de la Conferencia Franciscana Internacional de los Hermanos y Hermanas de la Tercera Orden Regular. Una presencia coral que simboliza la riqueza carismática de la Familia Franciscana en el mundo.

No faltarán las autoridades religiosas y civiles locales, entre ellas Mons. Domenico Sorrentino, obispo de Asís-Nocera Umbra-Gualdo Tadino y Foligno, y Valter Stoppini, alcalde de la ciudad de Asís: participarán en un gesto que recordará la reconciliación entre el obispo y el podestá de Asís, cantada por Francisco como profecía de paz.

El rito se articulará en varios momentos, para dar testimonio de la riqueza del carisma franciscano y del paso simbólico del Centenario de las Llagas al del Tránsito. Para la ocasión, se expondrá en la basílica la pintura más antigua que representa a San Francisco de Asís, conservada en el Museo de la Porciúncula: obra del llamado Maestro de San Francisco (mediados del siglo XIII), representa al Santo con los estigmas claramente visibles, expresión de su plena y definitiva conformatio Christi. La imagen habría sido realizada sobre una tabla de madera utilizada para acoger y proteger el cuerpo de Francisco inmediatamente después de su muerte, lo que le confiere un valor no solo iconográfico, sino también profundamente relicario y testimonial.

La basílica de Santa María de los Ángeles alberga la llamada Capilla del Tránsito, lugar en el que Francisco, en el momento de su muerte, quiso ser depositado el 3 de octubre de 1226. Las últimas estrofas del Cántico de las Criaturas, «Laudado si', mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la que ningún hombre viviente puede escapar», son la auténtica clave de lectura de este Centenario.

La celebración se retransmitirá en directo por streaming en la página web de los Centenarios Franciscanos www.centenarifrancescani.org.

Son muchas las iniciativas de la Familia Franciscana ya programadas para celebrar este Centenario:

«Francisco tiene tus ojos»: un itinerario de 12 citas mensuales organizado por la Provincia Seráfica de los Frailes Menores de Umbría y Cerdeña para (re)encontrar en la mirada del Santo la clave que nos oriente en la complejidad de nuestro tiempo. Comienza el 3 de enero con el tema «Francisco y la palabra de Dios». Para mayor información, haga clic aquí.

Exposición de los restos mortales de Francisco del 22 de febrero al 22 de marzo de 2026 en la Basílica de Asís. Reserva gratuita en la página web oficial www.sanfrancescovive.org.

Capítulo de las Esteras de los jóvenes europeos del 3 al 6 de agosto de 2026.

Novena de San Francisco, con diversas iniciativas.

Domingo de los Pobres (noviembre de 2026), con el tema «Francisco y los pobres».

Más información sobre el Centenario 2023-2026

Más información sobre el Centenario del Transito

Fuente: Apertura del Centenario del Tránsito de San Francisco - Frati Francescani

viernes, 2 de enero de 2026

Misión en Las Armas, Provincia de Buenos Aires

Del 26 al 30 de Diciembre estuvimos de misión con los jóvenes de la parroquia San Vicente de Paul. Fueron dias llenos de la Gracia de Dios; visitamos a las familias casa x casa, compartimos la vida con ellos, rezamos y bendecimos las casas. Por las tardes jugamos con los chicos y seguidamente celebramos la misa en comunidad. Hemos crecido en hermandad entre los misioneros, compartimos los servicios, charlamos y terminamos cada dia con fuertes ratos de oración.  

QUE BENDECIDOS SOMOS DE ANUNCIAR ESE AMOR DE DIOS QUE NOS DESBORDA.