gracias por la semilla de la vida eterna
que plantaste en Francisco.
Gracias porque esa semilla sigue germinando,
de generación en generación.
Haz que también en cada uno de nosotros pueda hacer fructificar:
la misericordia hacia los pobres,
el amor por Ti crucificado,
la fidelidad a la Iglesia,
el amor por la Eucaristía,
la fraternidad sin poder,
el testimonio de la paz.
Ayúdanos a vivir “según la forma del santo Evangelio”
allí donde estamos y laboramos.
Que el Espíritu nos haga cristianos apasionados,
ciudadanos de este tiempo,
capaces de afrontar los problemas reales
y de buscar un mundo más justo y fraterno.
Y recuérdanos que somos peregrinos de la esperanza,
en camino hacia la Ciudad definitiva,
donde Dios, Padre tuyo y nuestro, será todo en todos. Amén.
